dimecres, 7 de maig del 2014

Diez años después: Kim

 El disparo fue certero y limpio. Adam se acercó en seguida al ciervo caído y dio las gracias a Tara y al propio animal por su vida. Kim destensó la mano del arco y observó al Híbrido, como muchos llamaban a Adam, casi con ternura.
El comportamiento de la extraña criatura ya no tenía prácticamente nada de robot. Su forma de hablar y actuar eran completamente humanas, tan solo algunos aspectos físicos, como la rigidez y brusquedad de algunos de sus movimientos, denotaba que tenía parte de robot. Era increíble como, en apenas diez años, había cambiado tanto.
Adam cogió el ciervo sin apenas esfuerzo y volvieron a la aldea. Al llegar, todos los saludaron amablemente. Kim vio caras nuevas, pero eso no era extraño, pues muchos urbanitas habían escogido la vida de Mannawinard en los últimos años. En las dumas, las corporaciones y empresas como Nemetech habían caído al caer los robots. Algunas, sin embargo, no iban a rendirse, y fabricaban robots de servicio por miles. “Tontos, no han aprendido la lección”, pensó Kim. Ella, definitivamente, sí la había aprendido.
Desde que la magia le curó su mutación, su fe en Tara y en el cambio habían aumentado. Incluso había aprendido algún que otro truco con la magia gracias a Moira y a Keyko. Se había salvado, había abierto los ojos, pero no solo ella. Chris también había hecho un cambio radical. Se había unido a los guerreros Ruadh y era muy apreciado por su su habilidad de “conectar” con las criaturas de Tara.
Al final del camino apareció Keyko, con cara de cansada, pero con una gran sonrisa en el rostro. Todos los días entrenaba con su magia, y ya se había convertido en una maga con admirables habilidades. Practicaba sobre todo con los otros magos del Templo Primero, de la aldea... Pero con quien pasaba más tiempo era con sus adorados Ruadh, quienes recibieron su entusiasmo por aprender como algo maravilloso. Incluso a veces su presencia era requerida en el Templo Primero para ocuparse de sus responsabilidades como Portadora de Sowilo, la Runa Elemental de la Luz. La sacerdotisa Kea buscaba sobretodo hablar con ella y con Adam, aunque también la propia Kim había hablado con ella en alguna ocasión.

Kim miró a un lado y al otro, pensando en lo mucho que había cambiado su vida. Observó las plantas a su alrededor, la gente llevando sus vidas de manera tranquila, la manera en que el viento mecía las hojas... Observó la vida en su estado más puro, allí, justo delante de ella. Nunca hubiera imaginado que estaría ahí algún día, pero sin duda era donde debía y quería estar.


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