dimecres, 7 de maig del 2014

Llenando lagunas: Keyko

Observó detenidamente a la chica que tenía delante, sin poder creerse todavía de que fuera la Madre Blanca. Intentó visualizarla tal y como la recordaba, para compararla con Hana. Había ciertas similitudes, pero el cambio era increíblemente grande. Reconoció un colgante que llevaba al cuello, hecho con una piedra tallada de Mannawinard.

-¿Sabéis cómo salir de aquí, Madre Blanca?- preguntó vacilante, pues seguía confusa. Se le hizo extraño llamar a esa chica por el nombre de su maestra.

Hana sonrió cálidamente y acercó una mano al corazón de Keyko. Para la sorpresa de ésta, la mano, incorpórea, la atravesó con un brillo deslumbrante y una sensación de calor.

-Busca aquí- respondió la Madre Blanca. - Tara es la respuesta.

Keyko retrocedió un poco y pensó en lo que Hana decía. Debía salir de allí como fuera, tenía que regresar con los demás y continuar con su misión.

-Es cierto, debes regresar- comentó la joven Madre Blanca.

La guerrera se sobresaltó por la habilidad de la chica de saber lo que pensaba. Pero justo entonces alló la respuesta. Metió la mano en el bolsillo de su túnica y encontró la Piedra Rúnica Sowilo. Hana sonrió de nuevo y se llevó una mano al cuello, donde una vez había colgado esa misma piedra.

-Tara es la respuesta. El modo en que Tara te guía fuera de la oscuridad es mediante la luz- dijo Keyko, cada vez más segura de sus palabras.

Se acercó la piedra a la boca y murmuró la palabra “sowilo” con los ojos cerrados, pidiendo permiso a la diosa para usar su magia. En el mismo instante la piedra empezó a emitir una luz blanca, iluminando una puerta que había más allá. Keyko no pudo evitar sonreír, pero enseguida sintió un punchazo de tristeza en el corazón. Jamás volvería a ver a la que había sido su maestra, su guía, su ejemplo a seguir. Se volvió hacia Hana, que comprendía sus sentimientos como si fueran suyos.

-Lo siento, Madre Blanca. Debí estar allí para protegeros- sollozó, apretando la piedra Sowilo con fuerza.

-No debes sentirte culpable de eso, Keyko. Tu misión era y sigue siendo cumplir con el propósito de la diosa para salvar a sus hijas, y nosotras no podríamos estar más orgullosas de ti- respondió Hana, de nuevo sonriendo. En sus ojos se atisbó el brillo de la Madre Blanca que Keyko había conocido. Era ella, no cabía duda. - Ahora ve, Keyko. Pero recuerda que siempre estaremos a tu lado.

Dicho esto la chica desapareció y Keyko se dirigió a la puerta, aún con el corazón encogido de la emoción. Al otro lado encontró un gran salón, construído en la misma roca natural, al fondo del qual había un gran árbol, que tendría unos cuatro o cinco metros de altura. Alrededor había dispuestas en círculos varias piedras talladas con los símbolos de las runas. La luz de la luna iluminaba la estancia con un brillo etéreo.

Dio unos pasos adelante, vacilantes. Recorrió el gran salón, mirando de un lado al otro, buscando algo con lo que poder reconocer su localización.

-Bienvenida, Keyko, Portadora de Sowilo. Te estaba esperando- dijo una voz a sus espaldas.

La chica se dio la vuelta inmediatamente. Se encontró con la figura de una mujer esbelta, joven y con la piel morena. Sus ojos eran grandes y profundos, como pozos de sabiduría. Sin necesidad de que ésta lo dijera, Keyko sabía quién era. Era Kea, la gran sacerdotisa.

-Traes un mensaje para mí, ¿no es así?- prosiguió Kea.

Keyko balbuceó una respuesta y le entregó el papel en blanco a Kea. En manos de ésta, empezaron a aparecer letras escritas en el papel. Para sorpresa de la guerrera, que no habría imaginado la existencia de esas letras ocultas, la sacerdotisa sonrió.


-Tara vencerá en las almas de los urbanitas. La barrera de lo imposible se ha roto y el biobot siente. Por lo tanto Tara sobrevivirá al hombre- leyó en voz alta. Se detuvo un segundo para luego mirar a Keyko- Ven, pronto llegaran los demás y podremos empezar.


La contraportada




Descripción del libro con los cinco sentidos

Empecemos por la vista. Si viera este libro, creo que tan solo vería oscuridad, y luego algo de luz en un punto concreto, porque la historia empieza en un mundo oscuro y sin esperanza, para luego mostrar una alternativa, una vía de escape que es el poder de Mannawinard. Las cosas que les pasan a los personajes te hacen pensar que todo acabará mal, pero a la vez mantienes la esperanza de que algo cambie, de que, por arte de magia, se resuelvan los problemas.

En cuanto al oído, creo que este libro sería como el canto de un pájaro. Me recuerda a la voz de Tara (a la que se llama Diosa Madre en la novela) a través de sus “hijos”. Ese sonido está siempre presente en cualquier lugar donde haya naturaleza, y es casi como una llamada que te atrae, que te hace cerrar los ojos y escuchar.

La novela tendría un tacto frío y metálico, por toda la tecnología y las armas que aparecen en el mundo de las dumas. Es un tacto inquietante, que te hace sentir tan inseguro como los personajes de la novela. También recuerda a la Hermandad del Ojo de la Noche, pues son asesinos con cuchillos bien afilados.

El libro huele a lluvia, porque es algo que lo limpia todo, algo puro. El agua es el lugar donde se formó la vida, según dicen, y está presente en prácticamente todo. Hace crecer las plantas, los animales... El olor de la lluvia podría relacionarlo con Tara, porque significa un nuevo comienzo.


Por último, la novela tendría un sabor ácido. No sabría decir exactamente por qué. Imagino que lo relacionaría con la radiación que sufre Kim, o el deterioro que ha sufrido el planeta en el mundo que se presenta.


Monólogo del personaje: Keyko

 No puedo creerlo. Es imposible que esto esté ocurriendo justo ahora que estaba tan cerca de llegar al Templo Primero. Las imágenes de la visión se repiten una y otra vez en mi cabeza, intentando encontrar algo que demuestre que son falsas. La Madre Blanca, las hermanas, mi familia... Han muerto. Han sido ellos, los urbanitas, quienes las han matado.
No puedo evitar mirar a Kim y a Chris, pensando que posiblemente se alegren de que esto haya sucedido, de que su bando de máquinas haya ganado una batalla. Odio a los urbanitas, a todos ellos. Ahora mismo me retengo de usar las runas que hay en mi bolsillo en su contra.
¿Por qué ha sucedido? ¿Por qué Tara no ha hecho nada por salvarlas? Podría haberlas advertido, ellas siempre estaban atentas a su voz. Empiezo a pensar que a Tara no le importa su muerte. Lo ha permitido... Y yo estaba aquí, en una estúpida misión, cuando debería haber estado allí para defenderlas con las artes que durante tanto tiempo me enseñaron.
Ni siquiera tiene sentido, nada de esto. Llevo un papel en blanco a una Sacerdotisa a la que no sé por donde empezar a buscar. Todo porque Tara así lo quiere. Pues debo estar sorda a la voz de Tara, o quizás malinterpreto su mensaje, porque lo único que he oído de ella en todo el viaje ha sido que salvara a Kim. Una urbanita, una mercenaria que probablemente hubiera tenido que participar en la masacre de no estar atrapada en Mannawinard, mientras mis hermanas mueren.
Siento la mirada de Kim clavada en mí. En cuanto se la devuelvo ésta cambia la expresión a una de lástima. ¡Ah! Lástima... Lo que da lástima es que no haya podido hacer nada al respecto, es que esté aquí atrapada yo también, sin saber qué es lo que tengo que hacer ahora. ¿Tendrá la misma importancia el mensaje de la Madre Blanca ahora que está muerta? Quizás de eso se trataba, quizás ella quería advertir a la Gran Sacerdotisa de que las máquinas iban a atacar para que enviara ayuda, y yo he llegado muy tarde. Siento como la culpa se apodera de mí de golpe. Me abrazo las rodillas y lucho porque las lágrimas no caigan por mis mejillas.
Recuerdo los días en mi templo en las montañas, antes de todo esto, cuando conversaba con las otras hermanas, cuando juntas nos ocupábamos de abastecer nuestras casas... Ya no podré volver a todo eso, todo aquello cuanto amé ha sido destruido.
Pero hay algo que sí puedo hacer. Puedo llevar el mensaje a la Sacerdotisa Kea, cumplir la misión que la Madre Blanca me encomendó, cueste lo que cueste. Aunque empiezo a sentir el dolor de esta pérdida como piedras muy pesadas en el corazón, seguiré adelante y acabaré lo que empezó hace ya demasiado tiempo.

Esta misma noche dejaré atrás cualquier sentimiento de culpabilidad, de odio... Solo de esa forma podré llegar al Templo Primero. Y, si Tara todavía no ha abandonado a sus hijas, su voz me guiará.

Diez años después: Kim

 El disparo fue certero y limpio. Adam se acercó en seguida al ciervo caído y dio las gracias a Tara y al propio animal por su vida. Kim destensó la mano del arco y observó al Híbrido, como muchos llamaban a Adam, casi con ternura.
El comportamiento de la extraña criatura ya no tenía prácticamente nada de robot. Su forma de hablar y actuar eran completamente humanas, tan solo algunos aspectos físicos, como la rigidez y brusquedad de algunos de sus movimientos, denotaba que tenía parte de robot. Era increíble como, en apenas diez años, había cambiado tanto.
Adam cogió el ciervo sin apenas esfuerzo y volvieron a la aldea. Al llegar, todos los saludaron amablemente. Kim vio caras nuevas, pero eso no era extraño, pues muchos urbanitas habían escogido la vida de Mannawinard en los últimos años. En las dumas, las corporaciones y empresas como Nemetech habían caído al caer los robots. Algunas, sin embargo, no iban a rendirse, y fabricaban robots de servicio por miles. “Tontos, no han aprendido la lección”, pensó Kim. Ella, definitivamente, sí la había aprendido.
Desde que la magia le curó su mutación, su fe en Tara y en el cambio habían aumentado. Incluso había aprendido algún que otro truco con la magia gracias a Moira y a Keyko. Se había salvado, había abierto los ojos, pero no solo ella. Chris también había hecho un cambio radical. Se había unido a los guerreros Ruadh y era muy apreciado por su su habilidad de “conectar” con las criaturas de Tara.
Al final del camino apareció Keyko, con cara de cansada, pero con una gran sonrisa en el rostro. Todos los días entrenaba con su magia, y ya se había convertido en una maga con admirables habilidades. Practicaba sobre todo con los otros magos del Templo Primero, de la aldea... Pero con quien pasaba más tiempo era con sus adorados Ruadh, quienes recibieron su entusiasmo por aprender como algo maravilloso. Incluso a veces su presencia era requerida en el Templo Primero para ocuparse de sus responsabilidades como Portadora de Sowilo, la Runa Elemental de la Luz. La sacerdotisa Kea buscaba sobretodo hablar con ella y con Adam, aunque también la propia Kim había hablado con ella en alguna ocasión.

Kim miró a un lado y al otro, pensando en lo mucho que había cambiado su vida. Observó las plantas a su alrededor, la gente llevando sus vidas de manera tranquila, la manera en que el viento mecía las hojas... Observó la vida en su estado más puro, allí, justo delante de ella. Nunca hubiera imaginado que estaría ahí algún día, pero sin duda era donde debía y quería estar.


Descripción de un sueño: Chris

Abrí los ojos lentamente, sintiendo el calor de la luz sobre mis párpados. A mi alrededor, Mannawinard restaba inusualmente silencioso y oscuro, como si una película de sombras se hubiera posado sobre los árboles y las plantas. Aturdido, me levanté del suelo y miré a mi alrededor. No sabía por qué, pero sentía que me faltaba algo que debía encontrar. Decidí seguir una dirección cualquiera, adentrándome en la espesura de la selva. La extraña quietud del principio se había transformado en un sigiloso movimiento de las plantas, las raíces de los árboles, acompañado por un murmullo entre las hojas.

Fue entonces cuando vi aquella luz a lo lejos, y me dispuse a seguirla. La selva, a mi alrededor, cambiaba, se movía, estaba viva, y parecía querer dificultar mi avance hacia la luz, pero algo me decía que debía llegar hasta ella. Finalmente, alcancé un claro, lleno de helechos y pequeñas flores azules. Había una chica sentada, con una larga trenza a la espalda y ropas Ruadh. Era ella, Semira.



Me quedé allí plantado, sin saber muy bien qué hacer. No podía ser real. Semira había muerto. Yo mismo la había sujetado en mis brazos cuando exhalaba su último aliento. Pero sin embargo allí estaba, resiguiendo los bordes de su arco con la punta de los dedos, esperando.

-Chris...- me llamó, con una voz suave que oí como un eco lejano. - Chris, ¿por qué no te sientas conmigo?

Apenas sin darme cuenta de lo que hacía, me senté con ella entre los helechos. Ella sonrió y, por suerte, conseguí retener las lágrimas. Sus ojos seguían brillando con la misma intensidad de siempre, como si un ardiente fuego crepitara en su interior. La observé durante lo que me pareció una eternidad, torturándome por dentro con la esperanza de que quizás no era un sueño, de que quizás su muerte tan solo había sido una pesadilla y que estaba de verdad conmigo, viva.

-¿Cómo es posible que estés aquí?- pregunté, más para mí mismo que para ella.

-¿Quieres que esté aquí?- dijo ella, sonriendo cálidamente.

-Yo...Sí pero...- empecé, no sabiendo muy bien qué decir.- Es solo que todo esto es muy extraño y te he echado de me....

Me detuve en seco en cuanto lo vi. Algo entre los árboles se acercaba hacia nosotros, rápido. La luz del claro se apagó y regresaron las sombras, más oscuras que antes. Un grito chirriante retumbó en mi cabeza, martilleando desde dentro y causándome un gran dolor. No puede ser, pensé. Rápidamente tomé la mano de Semira y la arrastré conmigo en la dirección opuesta. Empecé a sentir aquel frío en la nuca mientras huíamos. Intenté ir más rápido, pero de nuevo la selva parecía querer entorpecernos.

-Chris-jadeó Semira, soltándose de mi mano y deteniéndose en seco. Me giré, asustado.- Tienes que dejarme ir, es la única manera.

Sentí como el corazón se me aceleraba. ¿Dejarla ir? Ese espectro de hielo que me atacó en la red estaba a punto de alcanzarnos.

-¡Semira, vamos, no hay tiempo!- dije, tratando de tirar de ella, pero se zafó hábilmente.
-No- contestó, con una seguridad en la mirada que me resultó confusa. - Ve tú, sálvate.

Lo comprendí demasiado tarde, cuando el espectro, más alto que los árboles, se abalanzó hacia nosotros, y Semira, moviéndose con la rapidez de un rayo, disparó una flecha certera en el corazón del monstruo. Pero éste no detuvo su marcha y, de un manotazo, lanzó a Semira contra un árbol.
-¡Semira no!- grité, por encima del estruendo de los árboles partiéndose bajo los pies del espectro.

Conseguí llegar hasta ella, pero no había salvación. Lo único que pude hacer fue sostenerla entre mis brazos mientras la vida abandonaba su cuerpo, una vez más. De nuevo la había perdido. Un grito de dolor escapó de mi interior cuando la oscuridad de Mannawinard se transformó en la oscuridad de la casa de Moira.

Me desperté en la cama, sudando y todavía alerta. A mi alrededor todos dormían plácidamente. Había sido solo un sueño, un sueño cruel que me había hecho sentir la misma agonía de perder a Semira de nuevo. Aferré la Runa Elemental que me cedió ella al morir y me la llevé a los labios.

-Lo siento- susurré, como si Semira pudiera oírme, de alguna forma.


Esa noche no pude volver a dormir, simplemente me mantuve despierto resiguiendo los bordes de mi arco con la punta de los dedos, pensando en ella.

Finales alternativos

Primero

Por más que lo intentó, no oía, sentía o notaba nada. ¿Qué voz se suponía que debía escuchar? ¿Cómo podía entender el mensaje de Tara? Kim se puso muy nerviosa y empezó a desesperarse. Tras unos minutos, Keyko y los demás aparecieron entre la maleza.

-¿Kim, va todo bien?- preguntó Chris, preocupado.

Ella asintió con la cabeza, pero era evidente que tenían un problema muy grave entre manos. Lo intentó de nuevo, con todas sus fuerzas. Escuchó cada uno de los sonidos e intentó sentirse relajada y en armonía, pero ninguna no oyó ninguna voz divina en su interior, tan solo el estruendo de sus pensamientos al chocar unos con otros.

-¿Qué ha sido eso?- dijo Keyko, mirando al cielo.

Kim se sobresaltó, pues al parecer el estruendo no provenía de sus pensamientos ni estaba solo en su cabeza. Se oyó de nuevo, más fuerte aún, y los tambores de los Ruadh empezaron a sonar furiosamente.

-Ha empezado- murmuró Kea.

Kim sintió la desagradable sensación del miedo y la desesperación recorriendo su espalda. No podrían hacer el ritual, no podrían detener al gran robot inteligente que controlaba a las personas y a las máquinas. Demasiado tarde, era el fin.

La Última guerra había llegado, la que había sido esperada por tantos años por ambos bandos. Todo acabaría, y uno de los mundos quedaría destruído. Después del fracaso del ritual, posiblemente sería el suyo.

Los robots, las máquinas y los mercenarios lo arrasaron todo. Por más que los Ruadh intentaron defender la tierra de la Diosa Madre, no lo consiguieron, y murieron todos en sus lindes por defenderla. Mannawinard ardió, entre gritos de sus gentes y animales que intentaban huír de la gran destrucción. Incluso la propia selva pareció emitir un grito, el grito de Tara, que se alzó hacia el cielo como el humo de las llamas.

Había terminado y todos estaban muertos. La vida había muerto.


Segundo

El ritual empezó. Los Portadores de las Runas Elementales juntaron las manos y escucharon, buscando en los más hondo de su interior aquello que querían encontrar: la paz con la Madre Tierra. Pronto, las voces de los presentes se sumieron en una sola, conjurando el mensaje de Tara. En el campo de batalla, los Ruadh, los robots y los mercenarios oyeron ese cántico y vieron como una poderosa luz se alzaba al cielo y una tormenta empezaba a formarse alrededor del halo de luz. Los Ruadh golpearon sus escudos con furia, pues sabían que lo que iba a ocurrir sería algo que lo cambiaría todo. Las fieras que habían acudido al campo de batalla con ellos, rugieron con fuerza. Todos clamaban por su victoria, con una sola voz, la de Tara. Los mercenarios retrocedieron, intimidados ante la súbita confianza que desprendían sus enemigos. Incluso los robots que esperaban en las filas empezaron a confundirse y a volverse unos contra otros. La Hermandad del Ojo de la Noche sabía que pasaba algo extraño que escapaba de su control. Ese algo era la magia, a la cual habían odiado y temido toda su vida, y a la que deberían enfrentarse al fin.

En Mannawinard, los animales corrieron a refugiarse y los árboles agitaron furiosos sus ramas. En el ritual, Adam era quien emitía la luz, mientras los demás giraban a su alrededor, con las mentes en blanco, dejando que las palabras de la Diosa Madre fluyeran libremente como una última plegaria. Los circuitos de Adam empezaron a chispear, pero nadie pareció immutarse. El propio biobot empezaba a cambiar lentamente. Su cuerpo metálico se encogió y retorció, cayó al suelo y se unió con la tierra. Varias ramas lo cubrieron, dejándolo completamente inmóvil.



Fue entonces cuando empezó a diluviar y, poco después, los rayos destruyeron las Agujas de las dumas, dejando los robots hechos pedazos. Una nueva oleada de vida empezó a abrirse paso en las yermas tierras de los páramos, una masa de verde que empezaba a cubrirlo todo. En apenas dos horas, las dumas de todo el mundo habían quedado sepultadas bajo plantas, árboles... Tara por fin recuperaba lo que le pertenecía, demostrando a todos que la única capaz de crear vida era ella, y que ningún ser viviente debía estar por encima de eso. Todo el planeta se cubrió con un manto de naturaleza que emanaba por todas partes. La vida podría empezar de cero en ese mundo nuevo, y los humanos deberían aprender a vivir en paz con la tierra. Se les había brindado una segunda oportunidad, la última para la humanidad, un nuevo comienzo, lejos de las frías máquinas que habían causado tanto daño. Tara había hablado, pero ésta vez se había hecho oír, alto y claro. El mundo que les había brindado era puro, y así era como debía permanecer.



dilluns, 10 de març del 2014

Alfabeto de la novela: Las hijas de Tara



Diez años antes: Keyko

Oteaba el horizonte desde hacía más de media hora. El frío viento azotaba su rostro de niña, pero ella mantenía la vista clavada en un punto fijo. Había imaginado muchas veces qué habría más allá de la vida que ella conocía con las hermanas. La Madre Blanca le había explicado historias acerca de los Páramos, de las criaturas horrorosas que allí vivían. Pero las historias que realmente le fascinaban eran las de Mannawinard, la tierra de Tara. Estaba allí, en algún lugar más allá de las montañas.

-¡Keyko!- la llamó una de las hermanas. - Haz el favor de entrar, hace frío.

Asintió distraídamente, alargando al máximo ese momento, expectante a que algo cambiara en el paisaje. Se levantó de un salto y corrió con sus compañeras, que ya entraban a resguardarse en el refugio. Una vez entraron, Keyko sonrió ante el calor que desprendía una pequeña hoguera, alrededor de la cual ya habían empezado a congregarse las hermanas. Era la hora de las historias, la hora preferida de Keyko.

Las hermanas más mayores contaban cada una una historia acerca de la Diosa, de Mannawinard, de la guerra contra los urbanitas... Eran todas historias magníficas y, a pesar de que todas ya las conocían de memoria, nunca se cansaban de escucharlas.
Sin embargo, Keyko adoraba las historias de los Ruadh, esos fuertes guerreros que defendían la tierra de Tara con uñas y dientes. Secretamente ansiaba poder convertirse algún día en Ruadh, pero sabía que eso era una fantasía que estaba lejos de cumplirse. En una ocasión le había confesado a la Madre Blanca ese deseo, a lo que ésta había sonreído y había contestado: “Eres impaciente, Keyko. Aprende a oír la voz de Tara antes de decidirte a hacer algo así.” La niña se había sentido avergonzada ante estas palabras pero, a pesar de que sabía que la Madre Blanca tenía razón, no podía evitar seguir alimentando ese deseo día tras día, noche tras noche.

Las historias comenzaron esa noche y, como de costumbre, el ambiente se llenó de un aire de misterio y magia que mantenía a todo el mundo atento. Aun así, Keyko no podía estarse quieta, no había parado de pensar en su deseo durante toda la semana. Ésto no escapó a la aguda vista de la Madre Blanca, quien la vigiló hasta que terminó la velada. Cuando las hermanas salían por la puerta para ir a sus habitaciones a dormir, detuvo a Keyko y la invitó a dar un paseo, algo que hacían a veces.

-Dime, Keyko, ¿sigues pensando en unirte a los Ruadh?- preguntó dulcemente a la niña.

Ésta se sonrojó ante la idea, pero asintió tímidamente.

-Aunque no quiero irme, Madre Blanca. Me gusta estar aquí...- añadió enseguida.

-Yo también he pensado en ello, y he decidido algo. A partir de mañana entrenarás para convertirte en una Guerrera de la diosa Tara. Los espíritus de la montaña se encargarán de tu aprendizaje, y estoy segura de que lo harás muy bien. No nos vendrá mal alguien que sepa defenderse por aquí.

El rostro de Keyko palideció un instante ante la sorpresa, pero enseguida se iluminó en una sonrisa. Nunca se había sentido tan feliz. Habló un rato más con la Madre Blanca, pero ésta la envió a la cama. Sin embargo Keyko no pudo dormir en toda la noche. Pensaba en la cantidad de cosas que quería aprender, en lo que quería y podía llegar a ser...


Y, a partir de aquella noche, la voz de Tara la guió en su nueva tarea como Guerrera.


Reportaje: La aplicación de la robótica en humanos

La robótica es un tipo de tecnología que tiene el objetivo de crear robots, definidos como entidades virtuales o mecánica artificial. La robótica va en avance y, en un futuro, podría incorporarse a la vida de las personas de manera directa. Incluso, como en Las Hijas de Tara, los humanos podrían introducir avances robóticos en sus cuerpos para mejorarlos. De eso es, precisamente, de lo que tratará este reportaje.
Hoy en día se usan varios artículos robóticos en las personas, sobretodo en el campo de la medicina. Esto es muy importante ya que ha conseguido mejorar la vida de muchas personas, y gracias a la investigación podrá mejorarla aun más.
Las prótesis robotizadas son un muy buen ejemplo. Las personas que han perdido alguna extremidad pueden ahora disponer de brazos, piernas y manos robóticas. Recientemente se dio el asombroso caso de una mano biónica con la cual el paciente amputado fue capaz de recuperar el sentido del tacto de nuevo. Lo consiguieron en la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza, mediante cables en la parte superior de su brazo y unos sensores unidos a sus nervios mediante cirugía. El paciente, Dennis Aabo Sorensen, sufrió hace nueve años un accidente por el cual perdió la mano. Gracias a esta mano biónica este hombre vuelve a tener sentido del tacto. 
Otro ejemplo dentro de la medicina son los implantes biónicos de algunos órganos. Los más usados son los implantes cocleares para la gente sorda y los corazones aritificiales que pueden bombear la sangre igual que un corazón sano.
También se han empezado a desarrollar esqueletos robóticos para permitir o ayudar el movimiento de las personas con Párkinson, de los que han sufrido un ictus o de los que tienen lesiones de médula. En el caso de los enfermos de Párkinson, por ejemplo, existen algunos dispositivos robóticos que se conectan a los brazos y reprimen los temblores involuntarios producidos por la enfermedad. 



Estos son solo algunos de los muchos usos que tiene la robótica en la medicina y que, evidentemente, ha ayudado sobretodo a personas discapacitadas.
Pero qué podemos esperar del futuro? Según un artículo del diario abc, expertos de todo el mundo han coincidido en que cerca del 2025 la hibridación entre humanos y robots será freqüente. Los avances robóticos se generalizarán y muy pronto podrán incorporarse a las personas, lo cual podría llevar a desigualdades sociales entre los que pudieran disponer de esa robótica y los que no.



Futuros avances en la medicina podrían ser la generalización de retinas biónicas que permitiran a las personas ciegas ver de nuevo, proyecto en el cual trabaja un estudio israelí. También se estudia el cerebro para poder desarrollar implantes que ayudarían a personas minusválidas. Otro proyecto en marcha es el desarrollo de úteros artificiales, que permitiráin a las mujeres estériles o que han sufrido una histerectomía tener hijos. Este último va seguido de una polémica por motivos éticos y científicos.
La conclusión que se puede obtener de la opinión de muchos científicos es que hombre y robot acabarán uniéndose en el futuro. Aunque en un principio sería para aplicaciones médicas, tarde o temprano empezarían a desarrollarse implantes para mejorar las capacidades del cuerpo humano, como la vista y el oído. Aunque esto parece de ciencia-ficción puede que ocurra dentro de unas décadas.
En el libro de ciencia ficción Las Hijas de Tara, de Laura Gallego García, se muestra algunas posibilidades de lo que podría llegar a ser un humano con implantes robóticos. Pero no solo en este libro, también otro ejemplo se encuentra en La Torre y la Isla, de Ana Alonso y Javier Pelegrín. Sin duda, los “humanos biónicos” son un elemento que siempre se ha usado en la ciencia-ficción y, de aquí unos años, podría ser una realidad.



A continuación podéis ver un gráfico de los países con más indústria robótica, los que podrían proporcionar más avances en el futuro:



En resumen, la robótica en humanos ya no es una idea, sino que ya es una realidad que, como he explicado anteriormente, irá en aumento con el paso de los años.

PARA MÁS INFORMACIÓN:






Yo autor: Laura Gallego García

Nací el 11 de octubre de 1977 en Cuart de Poblet, Valencia. A los once años yo y mi amiga Miriam empezamos a escribir una novela juntas. Para cuando la terminamos yo tenía catorce años y estaba segura de que quería ser escritora. Desde entonces siempre he estado escribiendo.
A los 21 años empecé a estudiar Filología Hispànica en la Universidad de Valencia para ser profesora de literatura, mientras seguía enviando textos y novelas a editoriales. Finalmente conseguí publicar mi primer libro, Finis Mundi, gracias a haber ganado el Premio Barco de Vapor en 1999. Finis Mundi era el catorceavo libro que había escrito.
A partir de ahí, es evidente que seguí escribiendo, y conseguí publicar muchos libros más. Tras Finis Mundi, por ejemplo, publiqué la primera parte de Crónicas de la Torre, El Valle de los Lobos, una trilogía que acabó teniendo mucho éxito entre mis lectores.
En 2004 empecé a publicar otra trilogía, Memorias de Idhún, la qual se convirtió en mis libros más vendidos hasta la fecha.



Me alegra poder decir que Finis Mundi no es el único de mis libros que resultó premiado. Con La leyenda del Rey Errante volví a ganar el Premio Barco de Vapor en el 2002. En 2011 gané el Premio Cervantes Chico como reconocimiento a mi carrera y en 2012 gané el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Dónde los árboles cantan.
Conseguí acabar la carrera, e incluso conseguí mi doctorado tras finalizar mi tesis doctoral sobre Belianís de Grecia en 2013. Aun así no soy profesora de literatura. Decidí que dedicaría mi vida a escribir y eso ocupa todo mi tiempo.
No solamente he publicado libros juveniles, sino también infantiles. Puedo decir que la mayoría de mis libros son de género fantástico, aunque también he escrito ciencia-ficción y novelas realistas. He escrito veintisiete novelas juveniles (sin contar con los cuentos infantiles) que se han traducido a dieciséis idiomas. Mis libros más populares entre los jóvenes són: Memorias de Idhún, Dos velas para el diablo, Crónicas de la Torre, El Libro de los Portales, Alas de fuego y Dónde los árboles cantan.
Mi libro favorito es La historia interminable de Michael Ende, y también me encanta El último unicornio de Peter Beagle. En general he leído muchísima literatura fantástica, con autores como Tolkien, George R.R. Martin, J.K. Rowling... Pero también leo ciencia-ficción. Mis autores favoritos de este género son: Robert J. Sawyer, Orson Scott Card, Isaac Asimov... Evidentemente también me gustan mucho los clásicos. Entre éstos he leído Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, El Quijote de Cervantes y los libros de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.
Una de mis películas favoritas es El viaje de Chihiro.
Me gustan mucho los cómics como Inu Yasha y Detective Conan.
Mis cantantes y grupos favoritos son Roxette, Savage Garden y Dido entre otros. Mi videojuego favorito es Final Fantasy (toda la saga), y también me gustan otros como por ejemplo Zelda y Warcraft. También me encantan los juegos de Profesor Layton.
Actualmente sigo escribiendo, y espero poder seguir haciéndolo. Tengo muchos proyectos, muchas historias aún por escribir y por contar.


dijous, 6 de febrer del 2014

Comienza la imaginación

Kurt caminaba por un terreno yermo y baldío, envuelto en húmedas nieblas fantasmales que se cerraban sobre él y se adherían a su piel como si se tratase de manos espectrales que intentaran atraparlo con sus dedos ganchudos y pegajosos. Andaba encorvado, con dificultad, casi arrastrándose, con sus últimas fuerzas.
Los acontecimientos que se habían sucedido la noche anterior se repetían una y otra vez en su cabeza. Intentaba encontrar una explicación, mientras vagaba sin rumbo por tierra de nadie, rezando porque la niebla ocultara su presencia. La dolorosa herida de la pierna le demostraba que había sido real y no una pesadilla. ¿Qué iba a hacer? Ésa era la única pregunta que podía plantearse. Pero en el fondo lo sabía: tenía que llegar al bosque lo antes posible, para reunirse con los supervivientes de su diezmado ejército. Una vez más, recordó lo que sucedió la noche anterior, aún sin poder creérselo.


Habían acordado una tregua con el bando enemigo durante dos días, en los que debían deshacerse de los muertos y cuidar de los heridos. Recordaba como la noche anterior sus compañeros de trinchera charlaban animadamente. Había reído con ellos, había bebido con ellos, pero cuando el gas tóxico llenó hasta el último recodo de la trinchera, no había muerto con ellos. Había sido arrastrado por su general y por otros soldados, que le dieron una máscara antigás para protegerse. Salió a combatir entre la confusión y el embotamiento del ataque sorpresa. Sus enemigos habían roto la tregua, y ahora ellos caían como moscas. Un incendio se inició a su alrededor, mientras trataba de esquivar las balas y abatir algunos enemigos. Entonces una disparo le alcanzó y abrió una fea herida en su pierna. Se tropezó, cayó al suelo y quedó completamente inconsciente.
Aún podía sentir el calor de aquel fuego en la piel. Pero lo peor fue cuando despertó, en medio del campo de batalla. Apenas podía moverse de la consternación. A lo lejos, oyó soldados, enemigos, buscando supervivientes. Sin dudarlo, se levantó y, aprovechando la niebla matutina, logró escapar sin ser visto. Luego había recorrido aquel páramo durante horas, dejando atrás el campo de batalla y las trincheras.
Entonces pudo vislumbrar la linde del bosque entre la niebla, a lo lejos. A pesar de que eso significaba su salvación, no sonrió. Se apresuró a llegar hasta allí antes de desmoronarse por completo.

Pero lo que Kurt ignoraba era que esa había sido la última batalla de la guerra, el último frente al que combatir. Podría volver a casa y dejar todo ese mundo atrás.


Los poemas de los personajes: Adam

Define vida:
lo que hace que sientas,
pienses, existas
o lo que ocurre cada día.

Define miedo:
algo que he sentido
cada vez que matarme
han querido.

Define sentir:
notar una emoción,
lo que late en un corazón,
lo quieras o no.

Define inanimado:
que no tiene vida,
que ha sido fabricado,
objeto de monotonía.

Define biobot:
un ser controlado,
programado,
lo que soy yo.

Define tristeza:
lo que siento
por ser una cabeza
pero no tener aliento.

Define alegría:
sentimiento que sin duda,
algún día,
sentir me gustaría.

Quisiera estar vivo,
pero, ¿podría?